Los grandes retos económicos del país no serán tarea del presidente que se posesione el 7 de agosto. Son temas de fondo que deberá encarar esa persona y, con seguridad, varios de sus sucesores.
EL TIEMPO comienza este domingo una serie de informes para revisar temas como la desigualdad, la educación, las finanzas públicas, la competitividad y las exportaciones.
Contar con un Estado sólido en sus finanzas
Con el fin del ciclo mundial de buenos precios de las materias primas, en el 2014 vino el desplome del petróleo, y con él un golpe para las finanzas del Estado colombiano.
Se llegó al punto de que, en un año, el fisco llegó a recibir nada más que cero pesos, de renta petrolera. Si bien el petróleo ha tenido alguna recuperación en el último año, nadie cree que se vean de nuevo los más de 100 dólares por barril.
El país ya lleva tres años ajustándose a unas nuevas condiciones de su intercambio con el mundo, lo cual ha costado un importante debilitamiento en la actividad económica, aunque, vale decirlo, se ha crecido (menos, pero se ha crecido). Y la mayoría de analistas se ha atrevido a decir que la desaceleración tocó fondo.
Sin embargo, un crecimiento debilitado hace también que los impuestos crezcan menos. En cambio, se mantienen obligaciones de gasto público, como las pensiones y otro tipo de transferencias, y vienen los compromisos de gasto relacionados con el posconflicto.
En ese contexto, y ante el aumento del endeudamiento oficial, la calificadora de riesgo Standard & Poor’s le bajó la nota a la deuda colombiana de largo plazo. La agencia espera que, en lo inmediato, se siga reduciendo el déficit fiscal, es decir, el exceso de gastos frente a los ingresos, de manera que se cumplan los objetivos anuales que establece la regla fiscal.
Ello exige certezas sobre los ingresos por impuestos, pero la reforma tributaria del 2016 prevé que las tarifas a las empresas bajen este año y en el 2019.
En la orilla del gasto, se espera que los pagos que hace el Estado tengan un impacto más eficiente; que haya menos desperdicio. De ahí la necesidad, ya explícita en las recomendaciones de la Comisión del Gasto, de cambios en pensiones, subsidios, salud, educación y gasto en defensa.
Los obstáculos para ajustarse el cinturón
Los principales obstáculos para ajustar las finanzas públicas son de carácter político. Si quien gane la presidencia intenta una reforma pensional o tributaria, deberá emplear a fondo el capital político fresco.
En impuestos, podría poner sobre el tapete el IVA a más productos, cambios en tarifas de renta o quitar beneficios a ciertos sectores: una tarea de alta ingeniería legislativa. En pensiones, debería abordar alzas de aportes y edades.
Varios observadores plantean cambios a la llamada regla fiscal –la meta de ajuste que fija la ley–, pues la forma, como se concibió, no es realista tras la caída del petróleo. En el informe de la Comisión del Gasto se advierte que el Marco Fiscal de Mediano Plazo prevé una dura caída de los gastos como porcentaje del PIB, que golpearía el crecimiento y pondría en riesgo programas que atienden a la población más vulnerable. Pero cambiar la regla fiscal podría hacer que reduzcan la nota de deuda del país y, en el caso de la agencia Standard & Poor’s, significaría perder el grado de inversión, es decir que prestarle al Estado colombiano dejaría de considerarse inversión para considerarse especulación.